Nací en Cuenca, el 6 de julio de 1989. Como buen manchego, crecí rodeado de molinos que se convertían en gigantes y carneros de mirada dócil que portaban espadas y armaduras. Un encantamiento que permanece intacto a día de hoy, no en vano acostumbro a buscar el reflejo de Dulcinea.

Si algún día tuviera la fortuna, por todos codiciada, de que un sin par mago recordara mis andanzas, le pediría que no olvidara que la necesidad por descubrir lo oculto fue lo que me impulsó a ser periodista. Así, en un otoño nostálgico y a la vez utópico, llegué a la Universidad Complutense de Madrid, donde inicié unos estudios que me llevaron a explorar el fascinante universo de la radio y a profundizar en los secretos de la escritura.

Mientras me entregaba a la lectura de investigaciones que perseguían su particular yelmo de Mambrino empecé a buscar respuestas a cuestiones más concretas. Ya no sólo me preocupaba el origen, la evolución y el destino del ser humano, sino también la complejidad de nuestra mente. Esta búsqueda me llevó a interesarme por las disciplinas de la criminología y la victimología, y en los años siguientes, merced a mi colaboración en programas de radio y artículos de prensa, a formar parte de la Asociación Sosdesaparecidos.

La inquietud por la cultura siempre ha estado presente en mí desde que, siendo un niño, mi abuelo me hablaba de Cervantes y de los versos del Tenorio. Por eso, cuando realicé en 2017 un curso de Social Media en Aula CM supe que debía crear un blog en el que pudiera entrevistar a referentes del sector. Todo ello hizo que a principios de 2018 cruzase el umbral del número 11 de la calle de Fernando VI y llamase a las puertas de Acerca Comunicación. Un día, marcado a fuego, tras el que quedaría envuelto por fraternales y apasionados horizontes.